¿Y si todos pudiéramos compartir nuestras canciones entre todos, gratis?

¿Y si todos pudiéramos compartir nuestras canciones entre todos, gratis?

Hubo una época en la que el internet todavía olía a futuro.
Pantallas de tubo, módems que gritaban, y un deseo casi romántico de compartirlo todo.
De ahí nació Napster — un adolescente llamado Shawn Fanning con demasiadas líneas de código y una idea que incendiaría la industria musical:

¿Y si todos pudiéramos compartir nuestras canciones entre todos, gratis?

El año era 1999.
El Y2K bug era la paranoia del momento, y de repente, la música se volvió infinita.
Por primera vez, millones de personas podían acceder a todo lo que quisieran escuchar, sin pagar, sin pedir permiso.
Era el paraíso digital… y el principio del fin del viejo orden.

⚡️ El glitch que cambió la música

Napster fue más que un programa: fue un movimiento.
El primer gran acto de desobediencia cultural online.
Una generación de adolescentes conectados por el sonido de un módem y una carpeta compartida.
No se trataba solo de piratear — se trataba de pertenecer.
De descubrir. De romper el monopolio del CD, del plástico, del control.

Pero claro, el sistema no iba a quedarse quieto.

🥁 Enter Metallica

En el año 2000, Metallica descubrió que su canción “I Disappear” —aún sin publicar— circulaba libremente por Napster.
Furiosos, demandaron a la plataforma y a más de 300,000 usuarios por infracción de copyright.
La banda que había cantado sobre rebeldía y libertad se convirtió, de pronto, en símbolo del “viejo mundo”.
Y Napster, en el estandarte del nuevo.

Fue una guerra cultural en plena transición digital.
De un lado, los artistas que veían cómo se desmoronaban las reglas del negocio.
Del otro, una generación que no entendía por qué compartir música era un crimen.

🕹️ El principio de algo (y el fin de algo más)

Napster fue clausurado en 2001.
Pero el daño —o el milagro— ya estaba hecho.
De sus cenizas nacieron los torrents, el peer-to-peer, la idea misma del streaming.
Spotify, Apple Music, SoundCloud… todos le deben algo a ese glitch adolescente que cambió la historia.

Y aunque hoy vivimos rodeados de música infinita, algo se perdió por el camino:
la emoción de buscar, la espera, el riesgo de que un archivo corrupto destruyera tu PC, el valor del hallazgo.

Napster fue el primer error con alma del siglo XXI.
Una chispa de caos creativo que nos recordó que la tecnología, antes de volverse adictiva, fue liberadora.